21 de enero de 2014

Al final del sendero

De pronto te detienes.
Miras alrededor.
Te fijas en dónde estás parada.
Y sonríes, con un punto de nostalgia.

¿Cómo he llegado hasta aquí?

Resulta muy muy extraño, si lo piensas, si miras hacia atrás.
Por una parte, tienes la sensación de que el tiempo se ha ido volando, de que apenas te has dado cuenta de que han transcurrido tantas semanas, meses.
Por otro lado, eres absolutamente consciente de cada segundo de ese tiempo. Puedes recorrer cada instante en tu mente, minuto a minuto. Están grabados a fuego en tu alma, y pronto lo estarán también en tu piel, de la mejor manera posible.

Sabes cómo has llegado hasta aquí. Sabes por qué la mirada que te devuelve el espejo es así y no de otra manera.
Lo sabes mejor que nadie.

Y por eso, niña de ojos grandes, sonríes.

Porque te sientes orgullosa como jamás pudiste imaginar.
Porque cada jirón de piel muerta ha quedado atrás.
Porque quien te vea hoy después de meses sin verte tendrá difícil reconocerte.
Porque lo has conseguido. Ya eres ella, de la que hablabas entonces.

Y te ves al final de tan largo camino, y sientes de nuevo esa sensación en la punta de los dedos.
De hacer maletas.
De empezar de nuevo.
De salir.

Te pusiste a prueba. Pasaste la prueba más dura que se podía imaginar.
Tenías elección, como siempre la tienen, aunque no se den cuenta, todos.
Y escogiste siendo honesta contigo misma.
Y elegiste el camino más largo, más doloroso, más difícil y más arduo.
El camino de los que no se mienten a sí mismos y luchan por ser mejores.

Has andado tantas millas...
Eres otra, niña de ojos grandes, eres diferente.
Eres luz, y belleza, y serenidad.
Cosas que siempre fuiste en potencia pero que jamás te atreviste a explorar, a explotar.
Eres un rostro que se lava el hollín y deja sin aliento.

Has recorrido el camino sin saltarte un solo paso.
Cada noche derramada en tinta y llanto.
Cada carcajada sacada del fondo del corazón.
Cada instante de reflexión.
Cada sueño.
Cada momento de duda en que volviste a decidir que tu camino era el correcto.
¿Sabes cuánta gente es incapaz de decidir dar esos pasos?

Has llegado al destino más dulce, y lo mejor es que es sólo la antesala.
Te esperan delante tantas cosas...
Porque el camino no ha terminado, ni terminará nunca.
Pero hoy empiezas otra etapa, una etapa diferente
en la que recorrer el cielo con los dedos
en la que regalar lo que te sobra
en la que cumplir cada segundo
en la que admirar el cielo.

Y, aún hoy, hay un poso de miedo
de incertidumbre
de tristeza
que en ocasiones casi logra hacerse fuerte del todo.

Pero justo entonces, te miras los pies
y ves lo que ha de estar.
Y acaricias lo que guardas en el bolsillo.
Y cierras los ojos.
Y escuchas el mar.
Y sabes que todo eso son espejismos que nada tienen que ver contigo
ni con tu armadura dorada de luz.


Has recorrido un camino tan largo
que volver atrás es impensable.
Y, lo que es mejor, indeseable.
Cómo ser de nuevo ella, con lo maravilloso que es ser tú.


Y sueñas, niña de ojos grandes, con los ojos cerrados y el Alma abierta en flor
y sabes, serena
y aguardas, segura
y tejes tu futuro con la red que se forma al tenderle cabos al Universo para guardarlo cerca.


Eso sí, sigues igual de críptica e igual de cabezota...

Y es que, pequeña, en esencia lo que has hecho ha sido desnudarte el Alma, ser por fin quien siempre fuiste y no te atrevías a ser.

Has logrado en unos meses lo que a muchos les cuesta años de irse a reflexionar al Tíbet.
Eso no es posible sin lo que late dentro.
Y no eres mejor, ni peor que nadie.
Eres tú.
Pero el problema es que durante años has sido una pobre versión de ti misma. Una versión triste, pesimista, mezquina, rota... que aún así lograba brillar algo de vez en cuando.
Ahora eres la tú que siempre debiste ser. Y anda que no sienta bien...


No te dejes llevar por quienes en ti proyectan la versión antigua
muestra quién eres sin decirlo en voz alta, sonríe, asiente y celebra.
Porque hay tanto que celebrar...

Y no tengas miedo, sabes que lo demás llegará cuando deba,
lo has aprendido
lo has experimentado
lo has sentido
lo sabes.


La noche guarda aún muchas estrellas esperando su momento
y poco a poco irás avanzando en este camino nuevo tan precioso, tan complejo.
Y aunque sangren los pies, dolerá menos
y no habrá quejas sino sonrisas
consecuencia de haber aprendido que algunas lecciones sólo pueden aprenderse con dolor
de saber que las recompensas más dulces las preceden las pruebas más duras.
Pero siempre puedes.

Todo.


Y ahora duerme, niña de ojos grandes, y descansa
y prepárate para lo que llega, que es inmenso, y precioso,
y tuyo en su totalidad.

No te permitas olvidarlo, porque es la mayor de las verdades.

Funambulista, niña
artista
Llegaste al final del hilo
para descubrir
que uno nuevo te aguardaba
esta vez no de hilo de pescar
sino de lazo de raso
para poder saltar
y volar.

Y soñar
y realizar
y celebrar.



Has llegado, niña de ojos grandes
ahora, aprovéchalo con todas tus fuerzas
y toma lo que la vida te ofrece
y lo que de ella quieras
pues es tuyo.
Y sonríe
más
más aún
con más fuerza
porque así será seguro
que nada te queda lejos de los dedos.


2 comentarios:

  1. Logras transmitir muy bien las emociones que habitan nuestro interior más profundo, disfruto leyendo tus palabras sutiles y sensibles. Añoro muchísimo sentirme como la niña de los ojos grandes, hace demasiado tiempo que no me veo en el espejo, ojalá pronto pueda disfrutar plenamente de esa vitalidad y libertad que tu niña irradia tan intensamente. A veces las palabras nos evaden y escapamos por breves instantes de cualquier situación. Gracias

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    1. Un placer ^^ Todos necesitamos detenernos a veces a ver dónde estamos y adónde queremos ir a continuación.

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