12 de noviembre de 2013

Mi cuaderno de viaje

La primera vez que lo vi fue en Quorum, en Cádiz. Me enamoró.
Era tremendamente caro, así que decidí no comprarlo.

La siguiente vez fue en Madrid, en el VIPS de Nuevos Ministerios.
Seguía siendo muy caro, así que no lo compré, pero me dije por dentro "si lo veo una vez más, lo compro".

Lo vi una tercera vez en El Puerto, en una librería. Y pese a la promesa anterior seguía siendo demasiado caro para un cuaderno, sobre todo teniendo en cuenta todos los que tengo en blanco por casa. No me lo llevé.

Pero hubo una cuarta vez, en otra librería, y ya no pude más. Lo compré.

Creo que es el primer cuaderno de estos "bonitos" que he comprado con un propósito claro y no sólo porque me gustase. Hasta ahora, me los regalaban, o los pillaba en alguna tienda, y pasaban meses hasta que les encontraba un uso (libro de firmas, cuaderno para las partidas de rol, cuaderno scout...). Pero éste tenía uso asignado hasta cuando no me lo quería comprar: Un diario de viaje.

El pasado abril dio una conferencia en mi facultad José Jiménez Lozano, sobre la literatura. Fui porque tenía que hacer un trabajo al respecto y no por verdadero interés, ya que ese escritor no me llama mucho la atención, pero durante la charla dijo cosas muy interesantes.
Entre otras cosas, habló de cómo hoy es más difícil ser escritor, porque existen muchas distracciones, mucha tecnología y poco tiempo para sentarse a crear.
Y comentó que uno de los "entrenamientos" tradicionales de los escritores que se está perdiendo es el diario de viaje. Antes, cuando cualquier desplazamiento era una odisea, quienes solían escribir utilizaban sus cuadernos de viaje para matar las horas muertas en el tren, y escribir sus impresiones.
Para Jiménez Lozano, estos cuadernos eran una gran forma de entrenarse, de mejorar en técnicas de descripción, de escribir por escribir. Y son algo que está en peligro de extinción.

A mí aquéllo se me quedó en la cabeza, aunque terminé por almacenarlo.

Sin embargo, cuando vi el cuaderno por primera vez, ya sabiendo que me iba a ir a Francia, me acordé de aquella conferencia, y decidí escribir un diario de viaje.

Y, efectivamente, ese cuaderno me ha acompañado en esta odisea desde el primer
momento. En él escribí mientras hacía París-Niort, en él he dejado las impresiones que me dieron La Rochelle, Poitiers, Niort y Burdeos. Y lo sigo llevando encima cuando me voy a cualquier sitio un poco apartado de la rutina normal de aquí.

Está hecho de impresiones y descripciones muy improvisadas, a veces fruto de pararme en medio de la calle a escribirlas. Son cuadros muy personales de diferentes lugares, lo que me sugieren, lo que creo ver en ellos. Probablemente no se ajusten a la percepción que otros tendrán de los mismos sitios, pero tal vez eso haga que me guste más.

Cada vez que lo uso, escribo en la parte superior izquierda de la página el título en mayúsculas, en francés o en español ("Bordeaux", "Gares(II)", "Poitiers", "Carreteras") y en la derecha la fecha.
Y luego pues lo que salga. A veces salen muchas cosas y a veces sólo lleno media página. Alguna vez he vuelto a un viaje anterior a meter impresiones de las que me he acordado más tarde.

He escrito en él de pie en la calle, sentada en una terraza merendando, en mi habitación, en la cama de un hotel... Pero mi sitio favorito es el tren. Cuando estás volviendo de un viaje, con todas las ideas y sensaciones en la cabeza, pero con la suficiente distancia como para ponerlas en orden y describirlas. Dejando que el viaje te deje ese último regusto en los labios antes de volver a la rutina. Dado que, además, aquí en Francia el tren es el transporte por excelencia, se presentan muchas oportunidades.

En la contraportada el cuaderno tiene un pequeño bolsillo, en el que he ido metiendo diferentes recuerdos, tal vez un poco tontos, que me he encontrado en los viajes: Una pluma, una hoja, un tallo...

Siempre escribo en él con tinta negra, normalmente con un Pilot de tinta líquida.
No hay fotos, aunque sí algún esquema o pequeño dibujo.

Es, junto con el cuaderno de París (que ya ha cumplido su propósito, está lleno, y descansa en su estantería), el cuaderno verde y el cuaderno rojo, uno de los que está recogiendo muchas de las cosas que se me pasan por la cabeza en esta experiencia. Es el más "público" de todos, el más sereno y el más literario. Es muy especial.

Me gustaría continuarlo, aún cuando haya acabado mi estancia aquí, para recoger otros viajes y otros momentos.

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