18 de noviembre de 2013

21 de enero de 2007, "Nadie dijo que fuera fácil"

21 de enero de 2007
Tenía 16 años.
Mi vida se estaba cayendo a pedazos. Y mi adolescencia empeoraba aún más la sensación de aquello que estaba ocurriendo.
Estaba sola, muy muy sola.
Me sentía distinta a todo el Mundo, y no entendía por qué.
Estaba dentro de uno de esos pozos que se dan dentro y fuera de nuestras cabezas, amenazando con ahogarnos.
No parecía haber salida hacia ninguna parte.
Las cosas no podían ir a peor (y, aún así, irían a muuuucho peor).

Y, de pronto, me encontré con el artículo.
Mi abuela me los guardaba cada semana, porque yo lo prefería a leerlos en internet. Ella me los daba recortados y yo los guardaba en una carpeta.
Yo le había escrito una carta al autor poco antes. Tal vez para sentirme menos sola. Una especie de botella arrojada al mar.
Nunca supe si la leyó.
Pero aquel artículo me pareció la mejor de las respuestas.
Lo leí.
Lo releí.
Lo volví a leer.
Lloré.
Lo doblé, y lo metí en mi cartera.

Aquellas palabras me dieron la esperanza que necesitaba. La fuerza que necesitaba para levantar la cabeza y seguir, a pesar de todo, a pesar de todos.

Han pasado muchos años desde entonces. Mi vida ha cambiado lo inimaginable, casi siempre a mejor.
El artículo continúa en mi cartera, y de vez en cuando lo leo. Siempre se me humedecen los ojos. Siempre me reconozco. Siempre me da fuerzas.

Un día le contaré esta historia a su autor y le daré las gracias.
Y, de paso, me pediré que me firme el pobre y maltratado pedacito de papel.

Nadie dijo que fuera fácil (Arturo Pérez-Reverte)


Todo el mérito es tuyo; tienes mi palabra de honor. Quizá el botín de tan larga campaña -y lo que te queda todavía- no sea lo dorado y brillante que uno espera cuando la inicia, a los doce o trece años, con los ojos fascinados de quien se dispone a la aventura. Pero es un botín, es tuyo, es lo que hay, y es, te lo aseguro, mucho más de lo que la mayor parte de quienes te rodean obtendrán en su miserable y satisfecha vida. Tú has abordado naves más allá de Orión, recuerda. Tienes la mirada de los cien metros, esa que siempre te hará diferente hasta el final. Fuiste, vas, irás, esos cien metros más lejos que los otros; y durante la carrera, hasta que suene el disparo que le ponga fin, habrás sido tú y habrás sido libre, en vez de quedarte de rodillas, cómoda y estúpida, aguardando. 


Ahora sabes que todo merece la pena. La larga travesía por ese mundo de méritos numéricos y ausencia de reconocimiento, donde te viste obligada a arrastrar contigo al niño de papá, al tonto del haba, al inútil carne de matadero, con tal de llevar a buen término el trabajo para el que te bastabas en solitario. Has crecido y sabes que las oportunidades no estaban en los otros, sino en ti. Que no había nada malo en aquella chica tímida que se llevaba libros a las horas libres de tutoría; que buscaba la mirada de los profesores inteligentes, no para hacerles la pelota, sino por sentirse cómplice y no estar sola. La jovencita que sobrecargaba la mochila con El guardián entre el centeno o El señor de los anillos, que en la excursión del cole a Madrid prefería ver el Planetario, el Prado o el Reina Sofía a dejarse la garganta en el parque de atracciones. Que se enfrentaba a la hostilidad de compañeros cretinos porque era la única que había leído las Sonatas de Valle-Inclán o sabía quién era Wilkie Collins. Ahora que miras hacia atrás con madurez, comprendes que cada vez que alguien ninguneó tu forma de ser, te insultó, te miró por encima del hombro, no hizo sino precipitar tu aprendizaje y tu lucidez. Tu certeza de ser mejor, más despierta y diferente. 


Mírate ahora. Qué lejos estás de tanto borrego y tanto buey. Entras en la edad adulta sin que nadie pueda imponerte una sonrisa falsa cuando el mundo y su estupidez, su envidia, su mezquindad, te hagan fruncir el ceño. Ahora tienes la certeza de que no te equivocaste, y de que la niña callada en el banco del fondo puede ser vengada por la mujer que hoy la recuerda. Sabes ya que puedes ser feliz a tu manera y no a la de otros, con tus libros, con tus películas, con tu familia, con esos amigos que no sabes cuánto tiempo van a durar y por eso aprecias tanto, con la mirada serena que ahora posas a tu alrededor, en la calle, en el trabajo, en la vida. En la muerte. Ahora sabes que la virtud, en el más hondo sentido de la palabra, está en ese aguante de tantos años, cuando cerca estuvieron de convertirte en otra. Comprendes al fin que los malos profesores son un accidente sin demasiada importancia, pues eres tú quien aprende; y la vida, incluso con sus insultos, con sus malvados, con sus tragedias, con sus reglas implacables, la que te enseña. Nadie dijo que fuera fácil. 


El otro día fuiste a ver Salvador y saliste del cine asombrada, llorando. No por la película, ni por la suerte del protagonista, sino por la certeza de que los ideales de aquel muchacho ya no tienen sentido, porque ninguno los sustituye ahora, porque la gente de tu edad se divide en dos grandes grupos: una minoría de analfabetos desorientados, pasto de demagogia barata en manos de políticos sin escrúpulos, y una masa inerte cuya única aspiración es salir en Gran Hermano o ponerse hasta arriba el sábado por la noche; jóvenes con garganta y sin nada que gritar, que se irían por la pata abajo puestos en la piel de Salvador Puig Antich, o a los que, viendo El crimen de Cuenca, la sola visión del garrote vil haría cerrar los ojos con escalofríos en la nuca. Pero tus lágrimas, amiga, demuestran que tienes razón. Que no te equivocaste al amar al conde de Montecristo y al Gabriel Araceli de Galdós, al buscar el secreto genial de un soneto de Borges o Quevedo, al transitar, jugándotela, por los senderos sin carteles luminosos en los pasillos oscuros de la Historia. Al hacer de cada esfuerzo, de cada miedo, de cada desengaño, de cada ilusión y de cada libro, un martillo con el que picar los muros espesos que te rodean. 


Y si algún día tienes hijos, intenta que sean como tú. Como esos tipos flacos de los que hablaba Julio César, a la manera de Casio: gente de dormir inquieto, peligrosa y viva. La que quita el sueño a los apoltronados y a los imbéciles.”


http://www.perezreverte.com/articulo/patentes-corso/130/nadie-dijo-que-fuera-facil/

12 comentarios:

  1. Ay. Yo también me siento un poco identificada en ese artículo, fíjate. Lo malo es que hoy por hoy no me creo que, a pesar de que no sea fácil, haya algo bueno al final, que merezca la pena.

    Me alegro de que en tu caso sea diferente :)

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  2. Madre mía... leer tu comentario ha sido como retroceder unos años y volver a mi propia adolescencia. Yo también aguardaba los domingos con ansia para leer los artículos de este gran literato nuestro, y nunca me decepcionaba. Siempre encontraba una respuesta, un rayito que me iluminaba la desazón que sentía en aquellos momentos. Otras veces (como ahora cuando los leo) era como ver en palabras de otro mis propios pensamientos. También los guardaba, bien recortaditos, para releerlos una y otra vez.
    Ahora que he conseguido luchando y con mis sacrificios parte de lo que entonces me proponía, espero un hijo y mi batalla se encrudece. Ojalá consiga hacer de él alguien fuerte, inquieto, despierto...peligroso y vivo.
    Saludos

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  3. Ya te comenté por Twitter, pero, cierto, esas palabras... Parecen escritas para ti. Espero que así fuera. Dan ánimo. Creo que me he sentido ídem a lo que tú dices. La soledad nos refuerza; aunque, he de decir, ahora temo esas palabras de Nichi (F. Nietzsche) de que al combatir con monstruos uno se podía convertir en uno. Reflexionando, queriendo ser más fuerte, por un lado me hace más arisco y me hace duro para con los demás...; y por el otro también me hace entender a esas personas débiles y que hacen falta ayuda frente a todas esas masas, contra todo eso que, también a nosotros, nos ha lamido el alma. Eso de que nadie es perfecto, qué cierto... Muy buenas palabras y muy bueno el poner este artículo Espero que Reverte te lo firme. Me has hecho, que yo sólo leer sus artículos o algunas de sus novelas de Alatriste, me intente acercar a alguna de las novelas que me han recomendado de él, como La Carta Esférica.
    Muy buenas palabras, que, como tal, escritas desde el corazón, emocionan.
    Un abrazo desde la Castilla esteparia y que te siga yendo así con toda mi sinceridad.

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  4. Muchas gracias por rescatar este texto, y a su autor por escribirlas... no lo tengo en un trozo de papel, pero mi mente guardará estas palabras como el tesoro que son.

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  5. A ver, para mí es claramente un artículo escrito a sí mismo, y se pone en femenino para disimular. Por otra parte es un artículo-trampa, ¿quien no se siente identificado con ese héroe o heroina que lucha contra la sociedad decadente que le rodea? Está muy bien escrito, pero es más falso un euro de cedro. Aunque celebro, por supuesto, que este placebo haya ayudado a alguien a sentirse mejor.

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  6. No sabría decirte en quién se inspiró para escribirlo, la verdad, pero no creo que necesite a estas alturas disimular, en muchos otros artículos ya habla de sentirse así o de forma parecida en primera persona.

    Por otra parte, conozco a muchas personas que, al contrario de lo que dices, se vanaglorian de ser parte de una multitud y de ser el retrato exacto de la normalidad... No todo el mundo sufre por ser diferente y querer seguir siéndolo, muchos optan por seguir felizmente la corriente.

    En cualquier caso, para esto están los blogs con comentarios, para que todo el mundo diga lo que le sugieren los textos.

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  7. Bellísimo... y real como la vida, la de algunos, misma. Por eso es grande Reverte. El único. El más.

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  8. Hola, Buhonera. No te conozco, pero el twitter de APR me ha llevado hasta tu blog. Y hacia tu post sobre su artículo. Yo lo descubrí hace un año, y también me emocionó. Y me sirve como una confirmación de muchas cosas en mi vida. Un apoyo. Ser diferente, en la forma de ver las cosas, por supuesto que no es malo. Eso ya lo sabemos. Pero a veces te ves solo en el mundo por ser así, y puedes pensar porqué no fuiste de otra forma, y te evitas lágrimas. Pero cuando ves que no estás sólo, como cuando este artículo cayó en mis manos, decides que morirás con tus ideales, y que les vayan dando a los demás si no cuadras. Y que querrás que tus hijos los tengan también. En fin, que a mi me sirvió porque plasmaba lo que siempre he sentido. Lo malo es que tengo 30 años, ya me podría haber llegado algo así a la edad que tú lo descubriste ;) Enhorabuena, por haber vencido.
    Y como debes ser de los míos, investigaré por tu blog, que quizá encuentre por aquí más medicina para el alma.

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  9. No es fácil ver que tus inquietudes nada tiene que ver con la mayoría de la gente. Que para tí lo más importante no es el dinero, tener un coche o una casa mejor, ser "más" que el otro de al lado. Que valoras más un libro que No es fácil estar rodeado de conversaciones absurdas de las cuales te sabe mal decir que son gilipolleces. Pero cuando hablas de filosofía, literatura o ciencia sí que te dicen que eso son tonterías que no sirven para nada. Y a la misma vez que dicen eso gastan su móvil, que existe gracias a la ciencia y a la imaginación. Si les cuentas que un tal Julio Verne visualizó cosas antes de que existieran te miran como "¿en qué programa de TV sale?"

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  10. No sé si lo leí en algún sitio, o lo imaginé, pero creo que el artículo está dedicado a su hija.

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  11. El artículo,efectivamente,está dedicado a su hija y a todos aquelloss jóvenes que tragan quina cada día por lo cruel que es el camino pero mantienen sus sueños a salvo del horror y del futuro

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