23 de octubre de 2013

Un cuaderno verde y un cuaderno rojo

Tengo en mi mesita de noche un cuaderno verde y un cuaderno rojo.
Ambos me los compré en Poitiers, un sábado sorprendente e improvisado.
Ambos son Moleskine, y más caros de lo que deberían.
Ambos tienen una goma elástica que los cierra, y un marcapáginas de lazo.
Ambos tienen las esquinas redondeadas.
Para ambos utilizo el mismo Pilot negro comprado en España, con el que sólo escribo en ellos, y en el diario de viaje.

Desde que llegué a Niort mi vida está llena de cuadernos: El diario de viaje de tapas duras con cierre, el bloc del trabajo, el cuaderno de París que me regaló mi ahijada D.M., el cuaderno que utilicé durante el curso de francés... Pero estos dos son diferentes.

El cuaderno rojo es pequeño, perfecto para llevar en el bolsillo de los vaqueros, o en el fondo del bolso.
El cuaderno verde es más alto y más ancho, con más páginas.
El cuaderno rojo está rayado, el verde tiene sus páginas en blanco.
El cuaderno rojo es muy parecido al que lleva Moriarty en la película "Sherlock Holmes, Juego de Sombras".
Nunca había visto un cuaderno como el verde en ningún sitio.
El cuaderno verde es la "segunda parte" del cuaderno de París que terminé anoche, está pensado para cumplir la misma misión, aunque de manera sensiblemente diferente.
El cuaderno rojo es único, nunca había usado uno como estoy usando éste.
El cuaderno verde lo he estrenado hoy, y al hacerlo he sentido emoción, esperanza y un punto de nostalgia. Escribiré en él casi cada noche, como he hecho durante 41 días en el de París.
El cuaderno rojo lo estrené el mismo día que lo compré, y escribo en él a trompicones.
El cuaderno verde sólo podrían leerlo dos o tres personas en el Mundo, con nombres y apellidos.
Sólo yo puedo leer el cuaderno rojo. Y, lo que es más importante, sólo yo puedo comprender lo que en él se dice.
El cuaderno verde es la piel nueva de la serpiente, que se aleja del viejo pellejo que le queda pequeño. Sigue siendo la misma serpiente. Sigue teniendo el mismo objetivo. Pero su piel es muy distinta.
El cuaderno rojo es la Estrella Polar y la cantimplora.

Ambos cuadernos están siendo testigos y guías de todas las cosas que están pasando ahora por mi vida y por debajo del pecho.
Ambos cuadernos merecen mucha atención, mucho cuidado, palabras dedicadas en exclusiva.
Ninguno de los cuadernos es un diario, una agenda, un libro de relatos ni nada que se le pueda parecer. Son únicos.
Ambos cuadernos servirán más adelante para comprender las claves de lo que ahora es presente.
Ambos cuadernos son míos. Nadie más podría escribirlos.
Pero no pueden ser más distintos.

El cuaderno verde es generosidad. Es dar. Es contar, compartir y dedicar.
El cuaderno rojo es introspección. Es reflexionar. Es mirar hacia dentro, analizar y cambiar.
El cuaderno verde tendrá o no un sucesor en función del porvenir. Y, de tenerlo, será de distinto color y condición.
El cuaderno rojo probablemente pase a ser permanente en mi vida. Siempre será un cuaderno pequeño, rojo y rayado, aunque lo compre en otro sitio.
El cuaderno verde es la decisión que motivó el cambio.
El cuaderno rojo es el cambio paso por paso.
En el cuaderno verde, cada día empiezo con la fecha y la hora, y termino con mi firma, a pesar de que no hay por qué, a pesar de que no se trata de un diario.
En el cuaderno rojo separo cada escritura con dos rayas horizontales separadas por un punto.
El cuaderno verde es la chica abriéndose paso en el Mundo.
El cuaderno rojo es la niña cambiando la buhardilla tabla por tabla.

Tengo en mi mesilla de noche un cuaderno verde y un cuaderno rojo.
Ambos absolutamente perfectos para su misión en mi vida.
Ambos a la espera de completar todas sus páginas.

Tengo en mi mesilla de noche un cuaderno verde y un cuaderno rojo.
Y son preciosos.

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