11 de octubre de 2013

Pensamientos absurdos sobre el transporte público de Niort

Desde que empecé las prácticas tengo que ir en autobús a la oficina cada día, bastante temprano. Dado que madrugar interfiere bastante con mi noctambulismo, a las horas en que salgo de casa para pillar el bus tengo la cabeza en modo aleatorio y pienso cosas raras.

Últimamente mis pensamientos analizan el transporte público de Niort. Puede parecer una estupidez, pero una vez comienzas a darle vueltas, realmente hay mucho que pensar al respecto. Hoy quiero compartir esas absurdeces.

-Absurdez número uno: El orgullo de la ciudad
Niort tiene dos prioridades en su vida como ciudad: El desarrollo sostenible (developpement durable) y su red de transporte público. Vayas donde vayas, hagas lo que hagas, si se habla de Niort uno de estos temas, o los dos, salen a colación.
Y si trabajas dentro de la administración del lugar, o en la prensa local, todavía más.
Para este pueblo, su apuesta por el desarrollo sostenible, la ecología, el reciclaje y el medioambiente roza lo patológico. Lo consideran una asunto personal. Pero de eso hablaré en otra entrada, porque merece espacio propio.

El otro eje de la ciudad es su transporte público, su red de autobuses. Hablan de ella con amor, con aprecio, con orgullo. Le dedican páginas y páginas en dossiers locales. Hay carteles al respecto por todas partes.
Y no lo entiendo. No tienen tranvías molones, como en Burdeos o en las afueras de París . No tienen un metro chulo, como en Madrid. No tienen burro taxis, como en Mijas. Tienen una puñetera red de autobuses normal y corriente.
Ni siquiera es una red que destaque. La frecuencia es desastrosa, la puntualidad excelente, entre los autobuses podemos encontrar unos repugnantes y otros novísimos... No tiene nada a destacar.
Sin embargo, para ellos es la joya de la corona. Algo que llama aún más la atención teniendo en cuenta que esta ciudad no tiene nada que ver, que se puede llegar a cualquier parte en bicicleta, o andando, y que para cualquier viaje interurbano se utiliza el tren.
Pero a ellos les da igual, ellos aman sus autobuses más que a sus propios hijos, y en consecuencia presumen de ellos.

-Absurdez número dos: En Niort hay una gran cantidad de conductoras de autobús.
No sé si es así en toda Francia (en París apenas fui en autobús dos veces), pero desde luego en España las "autobuseras" son muy escasas. Sin embargo, aquí hasta tienen un horario: Por la mañana casi siempre hay hombres al volante, y por la tarde casi todas son mujeres.
¿A qué se debe? ¿Hay algún tipo de convenio de paridad que obliga a que las mujeres tengan la mitad de los turnos? ¿Es la carrera de conductora de autobús especialmente atractiva para las mujeres niortesas? ¿Es quizás su única manera de ligar en este pueblo medio vacío? Y, ¿por qué conducen ellas sobre todo por las tardes? ¿Las autobuseras son noctámbulas como yo? ¿Se considera que el turno de mañana es más peligroso y es mejor que vayan los hombres? ¿Es sólo la línea que cojo yo la que tiene este reparto? Yendo más allá, ¿por qué todas las conductoras mujeres tienen el pelo corto, y todos los conductores hombres lo tienen negro? ¿Hay que pasar un casting de peluquería para ser autobusero en Niort?

-Absurdez número tres: Distribución de los asientos en los autobuses.
Normalmente los asientos de autobús están organizados en hileras, de manera que siempre le ves la nuca al de delante. Hay varios asientos de dos, y a veces cuatro asientos enfrentados dos y dos. En todo caso, puedes encontrar una hilera de cinco o seis asientos al fondo del vehículo.
Bien. En Niort, no.
En Niort, el fondo del autobús es como un corro flamenco. Hay unos diez asientos en herradura, con un espacio en el centro. Y no lo entiendo.
Normalmente cuando vas en transporte público, vas a tu bola. Vas leyendo, escuchando música, jugando con el móvil, mirando por la ventana, hablando por el móvil, pensando en lo idiota que es tu jefe... Actividades bastante individuales. En todo caso, si vas con un amigo, puedes ir charlando. Pero, ¿cuál es el propósito de ir mirándote la cara con otras nueve personas?
De hecho, este modelo me parecería más lógico en España: Nueve señoras que vuelven de la compra y se juntan al fondo del autobús para marujear, con los indispensables carritos de la compra en el centro del círculo.
Pero es que en Niort las señoras van a a la compra solas, no suelen llevar carrito, y a menudo no van en autobús, porque el pueblo es demasiado pequeño como para que les haga falta.
Entonces, ¿cuál es la función de ese corro? ¿Habría en un principio un proyecto municipal para dar de comer a las palomas locales en el centro de esos círculos, con algún tipo de abertura en el techo? ¿Habrá cantores de villancicos en Navidad? ¿El concejal de movilidad que lo planteó era un esotérico y planeaba sesiones de Ouija a plena luz del día en las calles niortesas? Hasta el momento, mi uso de estos asientos sólo ha servido para tener una sesión de miradas incómodas con el que se sentaba enfrente, y para que se me pegase un gargajo en un folio del trabajo al apoyarlo en el asiento de al lado.

-Absurdez número cuatro: El abono transportes.
Hasta el momento, todos los sistemas de abono de transporte público que conocía seguían dos modelos: Bien metías un ticket en una ranura que te lo sellaba/picaba/leía, bien acercabas una tarjeta magnética a un aparatito que te la validaba.
Y de hecho, cuando me hicieron el título de transporte, pensé que sería algo así. Se trata
de un trozo de plástico con dos bolsillos, de esos que se doblan por la mitad, quedando un espacio arriba y otro abajo. En el espacio de arriba va tu foto y tus datos, y en el de abajo el tícket del mes en curso. Un tícket que yo suponía habría que sacar para validarlo.
Pero no, Niort c'est une autre chose. Aquí son más chulos que un ocho. Aquí entras al autobús enseñando el abono como el FBI entra en una casa cuya puerta acaba de abrir de una patada, enseñando la placa. Te pones el abono abierto en la mano, sujetando la parte de arriba con el pulgar y la de abajo con el anular y el meñique, y lo enseñas al conductor con cara de "y si te atreves a cuestionarlo, te enchirono, pringao".
Lo mejor es que el conductor apenas mira lo que llevas en la mano. Los primeros días del mes sí hace un mínimo esfuerzo, pero el resto del tiempo apenas le echa un vistazo. Estoy convencida de que si le enseñas uno de esos porta tarjeta de crédito que también se doblan como un librillo, y en la parte de arriba llevas un condón y en la de abajo tu tarjeta, te lo darían por bueno.
Desconozco si esto se hace para evitar gasto de energía en validar los abonos, o si hay otra razón, pero no dejo de darle vueltas.

-Absurdez número cinco: Todos los caminos llevan a la Brèche.
La Brèche es un parque situado más o menos en el centro de Niort. Es el centro neurálgico de la ciudad, el único sitio donde hay vida por las tardes, y donde es posible llegar a encontrar algún rastro lejano de animación los fines de semana.
Para los niorteses, es el punto de referencia por excelencia. Y prácticamente todos los autobuses salen de o tienen parada en la Brèche.
Eso es relativamente habitual, en casi todas las ciudades o pueblos hay un sitio donde se concentran la mayoría de los transportes.
Lo que me llama la atención por no tener ningún sentido es que todo el mundo te dirige a la Brèche cuando tienes que coger un autobús. Da igual que haya una parada a diez centímetros de la puerta de tu casa, si le preguntas a CUALQUIER persona de Niort donde se coge X línea, te mandará a la Brèche, aún si él mismo se monta en el autobús en la parada de al lado de tu casa.
Últimamente barrunto la teoría de que es una cuestión de principios. La Brèche es lo mejor del lugar, y cualquier persona que tenga la oportunidad de ir allí, aunque sea por algo tan pedestre como montarse en un autobús, debería aprovecharla aunque sea lo menos pragmático del mundo.

-Absurdez número seis: Los derrapes en las curvas.
Los franceses no se distinguen por su prudencia y habilidad al volante. Son, en general, conductores bastante mediocres, y más bien agresivos. En Niort no llegan al nivel comando suicida que viví en Saint-Denis, donde no podías cruzar un paso de cebra sin temer por tu vida, pero lo cierto es que conducen regular, tanto los usuarios de turismos como los autobuseros.
En concreto, los conductores de autobús (absolutamente todos) tienen una costumbre que me intriga especialmente: Cuando se acercan a una curva, una rotonda o una parada, no reducen la velocidad ni maniobran con antelación. Se lanzan en línea recta, como si no pensasen desviar su rumbo lo más mínimo, y en el último momento dan un volantazo que te deja con los dientes en la barra más cercana, y se meten hacia donde sea.
Y digo yo: Normalmente cuando tú das un giro brusco es porque te has equivocado, estás yendo hacia donde no es y tienes que corregir la ruta. Entonces, ¿¿por qué cojones una persona que hace EXACTAMENTE EL MISMO RECORRIDO varias veces al día espera al último momento para meter todo a estribor, o a donde sea?? ¿Quiere despistar a los que no conocen el trayecto? ¿Quiere darle emoción a su vida? ¿Son todos suicidas y lo hacen día tras día esperando lograr en algún momento un accidente fatal?
Pero lo más sorprendente de todo es la ausencia de reacción entre los viajeros. Mientras yo pierdo el equilibrio, me doy contra la barra más cercana, se me cae el bolso y le doy un pisotón al adolescente que vuelve del instituto y está sentado delante de mí, el resto de los pasajeros ni se inmutan. Ya estén sentados o de pie, no parecen registrar el enloquecido zigzag del vehículo. Como si fueran flotando entre nubes, oigan.


Ils sont fous, ces niortaises...





Y estos son algunos de mis pensamientos aleatorios sobre el transporte en Niort. No descarten nuevas entregas, se trata de un tema apasionante que me tiene absorbidas todas las mañanas durante al menos media hora... Y eso es mucho tiempo a lo largo de la semana.

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