6 de octubre de 2013

Niort

Desde hace 3 semanas, vivo en un pequeño pueblo francés, al oeste, que se llama Niort.
No es muy conocido, ni ha protagonizado grandes momentos históricos, más allá de unas pocas guerras de religión en la Edad Media.

Es un pueblo pequeño, de 60.000 habitantes, y curiosamente en él está la sede de las principales compañías de seguros europeas.

Es un lugar en el que hay universidad, pero los jóvenes pasan la mayor parte de su tiempo libre fuera de aquí.

Mi vida aquí es diferente, en muchos sentidos, de la que he encontrado en El Puerto, Madrid y París. Aparcar el carromato aquí ha supuesto muchos cambios y muchas novedades.

Niort es un sitio en el que te imaginas de retiro "espiritual", pero no quedándote a vivir. Es un sitio aislado del tiempo, de la prisa, y de las ciudades grandes.

Niort son contraventanas de colores en casas de fachadas claras.



Niort son calles con pocos coches.




Niort son personas amables, educadas, que responden a tus preguntas.




Niort es un acento algo más suave que París, más dulce.
Niort son sus iglesias, repicar de campanas cruzando el pueblo. Notre Dame, Saint Hilaire, Saint André... Y las que aún no he visitado.







Niort es la Sèvre, un río que lo cruza de parte a parte, y refleja el cielo.



Niort son los puentes sobre el río, cubiertos de flores.




Niort es un mercado restaurado, que se llena los fines de semana y duerme el resto del tiempo como si continuase sumido en el abandono.




Niort es el Donjon. Un edificio medieval, a ratos castillo, a ratos fuerte y a ratos cárcel que domina la ciudad.




Niort es un museo un tanto siniestro, en el que animales disecados, antiguas obras de arte y cacharros del pasado conviven con cierta armonía.




Niort es silencio.
Niort es gente mayor. Los jóvenes viven quién sabe dónde.
Niort es el parque de la Brèche.
Niort son autobuses tremendamente puntuales con una frecuencia lamentable.
Niort es un terremoto meteorológico que pasa de la lluvia al sol sin apenas un respiro.
Niort es una conciencia medioambiental que me asombra cada día, por su profundidad y severidad.
Niort es inventarse soirées en casa, porque es difícil salir en un pueblo con más iglesias que bares.
Niort es el Carrefour, y el Carrefour Market, y el Carrefour City.
Niort es pasear por el mero placer de hacerlo.
Niort son algunos de los atardeceres más bonitos que he visto en mi vida.



Y, por ahora, Niort es mi hogar. Al menos durante unos pocos meses más. Un rincón en el que pensar, madurar, cambiar, evolucionar, aprender, y salir de la crisálida en diciembre con alas nuevas y brillantes. Y, sólo por eso, sé que es un lugar que no podré permitirme olvidar nunca, y que merece su sitio en el baúl que siempre llevo conmigo.

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