15 de octubre de 2013

Le Petit Nicolas... et la Buhonera

Que me encanta leer no es un secreto para nadie que me conozca. Suelo ir con la nariz hundida en un libro en el metro, en casa o andando por la calle esquivando farolas.
Sin embargo, al venir a Francia, decidí traerme sólo 3 libros, para así obligarme a leer en francés, que en la Erasmus fue mi asignatura pendiente. 

Supuse que, al no tener material de lectura, el mono sería tremendo y estaría dispuesta a leerme cualquier cosa en cualquier idioma. Y los botes de champú no dan para mucho.

Efectivamente, a la semana de llegar me compré 3 libros. Pero pasó algo que no me esperaba.

Cuando una lleva toda la vida devorando libros, no es consciente de las implicaciones que ello tiene: Del vocabulario que se aprende, de las expresiones gramaticales que asimilas... Son cosas que van en el lote de lectora empedernida y que no te planteas.
Pero claro, cuando toca leer un libro en otro idioma, si en cuanto a contenido está al mismo nivel que sueles leer en España es casi seguro que no vas a ser capaz de leértelo entero sin llevarlo grapado al diccionario.

Y así fue. Me empecé "Le magasin des suicides" muy motivada, pero de cada 10 palabras comprendía 6. Y sí, por contexto se pueden sacar las otras 4, pero leer "por contexto" no es disfrutar de la lectura. Y entre eso, y que el libro me deprimía, desistí.

Poco después, un poco chafada, volví a rondar entre las estanterías del Carrefour de Niort, buscando un libro un poco más para mí. Y me tropecé con Nicolás.



Es muy típico que, cuando te vas a Francia o empiezas a estudiar francés más en serio, te recomienden dos libros: "El Principito" y "El Pequeño Nicolas". Evidentemente, por las razones que ya expliqué aquí, paso de tener que sufrir al enano rubio pedante en otro idioma, así que me lancé a por Nicolás.

Me compré "Le petit Nicolas et les copains", que ya había leído en español, en primaria, por lo que me parecía un reto razonable.

Y vaya cambio. Historias divertidas, fáciles, cortas. Un lenguaje accesible, que me permitía aprender palabras, pero una o dos por capítulo en vez de quince.

Me lo bebí en tres días, y me fui a por otro. Esta vez, "La rentrée du Petit Nicolas" y, además "Asterix et le bouclier averne".
Leer Astérix en francés es tremendamente divertido, como pasa con casi toda la cultura cuando la encuentras en versión original. Redescubrir a los avernos sabiendo quiénes son los ch'tis me sacó más de una carcajada.

Al mismo tiempo, seguí familiarizándome con Nicolás. Aprendiendo qué significa "chouette", consiguiendo leer capítulos enteros de corrido, y sorprendiéndome al averiguar que Astérix y Nicolás comparten padre: Gosciny.

Resulta muy curioso leer libros para niños con más de veinte años, es algo que no solemos hacer, pero que en ocasiones es bueno.
Te enseña cierta humildad. En este idioma nuevo no eres capaz de leer a Tolkien, ni siquiera a Dan Brown, tienes que descender al nivel de los niños de primaria que aún necesitan el diccionario para comprender algunas palabras difíciles que dicen "los mayores". Y descubres que eres capaz de reírte con esos libros, de engancharte, y de tener ganas de comprarte uno nuevo en cuanto cierras la tapa. Y te das cuenta de que en el fondo la buena literatura no tiene edad, y que personajes como Nicolás (o como Manolito, yéndonos a nuestra tierra) son universales.

Vuelves un poco a tu infancia, a cuando los libros de más de 90 páginas te daban vértigo, y era inconcebible que existieran tomos sin dibujos.

Te das cuenta de lo diferente que es hablar un idioma de realmente hacerlo tuyo.
Leyendo ese libro "para niños" a menudo te despistas un poco al leer palabras que no entiendes, y que te sacan de la historia. Piensas "cuando llegue a casa lo miro en el Wordreference", y luego nunca te acuerdas. La palabra reaparece, por supuesto, y acabas intuyendo su significado. Y un día la utilizas en el trabajo, y alguien te sonríe "¡Esa palabra es muy francesa!".
Te tropiezas con tiempos verbales que jamás has escuchado, y vas sacando el sentido que tienen en el capítulo. Y cuando tienes que escribir una nota de prensa, eres capaz de introducirlo.

Llevo estudiando francés muchos años, y ya es la segunda vez que estoy viviendo en Francia. Sé hablar en Francés, comunicar ideas, tener conversaciones sobre muchos temas, entiendo perfectamente cuando alguien me habla, y soy capaz de escribir en esa lengua razonablemente bien. Pero estas semanas me estoy dando cuenta de que la mejor manera de llegar a ser parte de una lengua es leer en ella. Y es con Nicolás, Alceste, Rufus, Eudes y compañía con quienes estoy aprendiendo.

Esta mañana, en el autobús, me he acabado el libro. Mañana me voy al Carrefour a por otro.


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