28 de septiembre de 2013

"Me visto, luego existo (y III)"

Y, para terminar con este recorrido por el uso que el ser humano da a su indumentaria, vamos con una que es vital para muchos: La ropa de andar por casa.

Lo primero que me ha llamado la atención de este tema es que, al buscar en Google Imágenes "Ropa para estar en casa" o "Ropa de andar por casa", todos los resultados son imágenes de gente ideal (sobre todo chicas delgadas, altas y de pelo largo) que llevan pantalones de algodón monísimos, camisetas sueltas, vestidos de lino y/o sandalias de tacón, mientras sonríen con euforia.
Sin embargo, el buscador de mi cerebro localiza imágenes de pijamas viejos, pantalones de hacer deporte dados de sí, camisetas costrosas, sudaderas deshilachadas y calcetines gruesos para andar descalza por casa.
No sé con qué búsqueda se sentirán más identificados los dos o tres ocasionales lectores de este rinconcito, pero creo que los de Google no tienen clara la utilidad de la ropa de andar por casa que existe en España por norma general.

Visualicemos: Martes, ocho de la tarde, acabas de volver a casa después de casi 12 horas fuera. Has ido a clase o al trabajo, te has aburrido como una ostra. Has comido en un tupper recalentado la comida que preparaste anoche a las mil y quinientas. Luego has tenido que hacer gestiones con burócratas despiadados que no han cedido en lo más mínimo y te han puteado lo imposible. Tu ropa apesta a sudor, al olor indescifrable del metro, al perfume de la plasta que te ha tenido toda la mañana esclavizada y al barro que te ha salpicado un coche. Necesitas una ducha, y ponerte otra ropa.
Congelemos la imagen. ¿Qué te apetece ponerte? ¿Un pantalón de algodón inmaculado e ideal, junto con una ajustada camiseta de escote corazón mangas con encajes, adornando tus pies con unas ideales sandalias de tacón? Meeeeec.

Otro ejemplo: Domingo de otoño. Está lloviendo muchísimo y no tienes ninguna gana de salir de casa. Llevas dos horas levantado, y tu plan de día consiste en leer, ver un par de capítulos de una serie, trabajar en tu maqueta del Taj Mahal con mondadientes y meterte entre pecho y espalda todas las chucherías de las que te puedas abastecer en el chino de la esquina mientras retrasas el momento de prepararte el tupper para el lunes. 
No te gusta pasarte el día en pijama, y te apetece ponerte otra ropa.
Detengamos una vez más la imagen: ¿Tienes ganas ahora de ponerte esa ideal ropa casera que nos venden los publicitarios a través de Google? Permíteme que lo dude.

La ropa de andar por casa tiene que ser cómoda, tiene que abrazarte y decirte "ya estás en casa, estás a salvo". Es una ropa a la que estás acostumbrado, que lleva siglos contigo, que nunca aprieta, ni pica, ni roza ni causa ningún tipo de molestia.

Propongo para Google Imágenes mi propia versión de la ropa de andar por casa:

-Camisetas que vayan de viejas a muy viejas. Grandes, cortadas, rotas, remendadas, desteñidas... Nunca te las pondrías para salir a la calle, o sólo si llevases el abrigo encima. Con mensajes publicitarios, con mensajes tipo "Alguien que me quiere mucho me trajo este regalo de Matalascañas", de grupos de música... Preferiblemente arrugadas. La ropa echa un guiñapo despierta un cariño especial, como de algo más cercano, más usado, más familiar. La plancha es enemiga de la ropa de andar por casa. Siempre.
-Pantalones de chándal viejos, o cortos (también viejos). No es ropa que te pondrías para ir a hacer deporte. El elástico puede estar dado de sí, el color desteñido, y se permite algún agujero.
-Rebeca o sudadera XXXL. Enorme, para perderse dentro y arrebujarse cuando haga frío en la casa. Con mangas que tapen las manos .
-Calcetines gordos de andar por casa, o zapatillas. Pies cómodos.

Con esta indumentaria es más fácil visualizarse un domingo de lluvia tirado en el sofá.

Una vez establecido qué es la ropa casera, podemos pasar a hablar de cómo nos relacionamos con ella.
De pequeños, sólo aquellos que llevan uniforme (y no todos) saben que existe este tipo de ropa. Normalmente, los niños llevan todo el día la misma ropa, y sólo se cambian a la hora de ponerse el pijama. Es un indicativo de la sabiduría paterna, que prefiere que sus churumbeles lleven una sola muda que se ensucie hasta la inmundicia, a que dejen la ropa de ir al cole verde de plastilina y luego la de andar por casa marrón del cola cao de la merienda.
Al crecer empezamos a aprender las ventajas de la ropa "de sofá". Más cuanto más tiempo pasamos fuera de casa.
La adolescencia y sus maravillosos cambios fisiológicos están también muy ligados a este fenómeno: 
A todos, hombres y mujeres, se nos empiezan a desarrollar apéndices colgantes que requieren de sujeción constante en lugares públicos, a la que no estamos acostumbrados. Y aunque dicha sujeción se agradece, llega un momento en que cansa. No son pocos los hombres que están deseando llegar a casa para quitarse los calzoncillos y dejarse puesto un pantalón ancho. En cuanto a las mujeres, para la mayoría el momento de quitarse el sujetador al llegar a casa (sobre todo a partir de cierta letra de copa) es de los más hermosos de la jornada, y tener una camiseta sin el sostén debajo es el ABC de la comodidad.

No es raro que ropa que pasa de "de calle" a "casera", llegue a nuestro repertorio en la adolescencia y se mantenga hasta desintegrarse de vieja muchos años después. Son prendas a las que nos unen sentimientos especiales, y que al verla en fotos como ropa "de calle" nos da una sensación rara, como si nos viésemos desnudos en la calle con los amigos.

Es importante tener en cuenta que no es lo mismo ropa de andar por casa que ropa de calle que usas en casa. Si te pones el chándal del gimnasio para hacer limpieza general, eso no la convierte en ropa casera. Lo mismo si riegas las plantas en vaqueros o cocinas con un vestido de playa. La ropa de estar por casa es la que jamás sacarías a la calle, y que generalmente usas en actividades sedentarias.

La ropa de andar por casa es íntima, es la ropa de la confianza y del cariño. Son tus trapos viejos, les quieres, y te los pones delante de gente a la que quieres: Tu familia, tu pareja, amigos que se quedan a dormir en casa... No toda la gente con la que convives llega a ver tu ropa casera.
Es, además, la que más huele a ti, ya que la usas muchas horas, y dado que se ensucia poco no la sueles lavar demasiado. Pero no es un olor desagradable, es el olor tibio de una persona que está relajada en su casa, o que se acaba de levantar.
Una persona que te eche de menos, se acordará muy vívidamente de ti si le llega el olor de tus camisetas caseras.
Aunque casi nunca son prendas sexys, suelen ser muy fáciles de quitar, por lo que están en el top ten de lo que llevas puesto cuando te vas a la cama con alguien. Eso sí, suele ser una pareja, porque como ya se ha dicho no te ve con esas pintas alguien con quien no tengas confianza.

La ropa de andar por casa es humilde. Nunca sale en revistas de moda (pese a lo que diga Google), y no reivindica su lugar. Tampoco le hace falta, sabe que es necesaria.

La ropa de andar por casa es maravillosa, y para muchos sería difícil imaginar nuestra vida sin ella. Y por eso se merecía ser el último capítulo de esta absurda saga sobre nuestro uso de la vestimenta. Espero que la hayan disfrutado ^^.



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