27 de noviembre de 2012

Urbanidad cibernética de andar por casa

Tendría yo unos ocho años cuando mi padre me regaló un manual de urbanidad para niños. Un librito de Susaeta en el que venían todas esas cosas “de buena educación”, que cuando eres pequeño te parecen un rollo y no entiendes a qué vienen. (Luego, de mayor, si la gente no las cumple te repatea, pero eso vendría más tarde).

El libro (que podéis ver en la imagen) era curioso, venían dibujillos, poemas para acordarte de no poner los codos en la mesa, y cosas así. Todo bastante lógico, y aburrido si tienes ocho años y pasas tres kilos de dónde se sitúan tus codos y de si es correcto tutear a un viejo.

Y me acordaba yo hoy de ese librillo, y me planteaba si no sería una buena idea reeditarlo, incluyendo normas de urbanidad internautas.

Porque sí, en este espacio inexistente que está detrás de la ventanita del ordenador también es importante cumplir ciertas normas de convivencia y de urbanidad. Normas que en algunos casos son de perogrullo, pero que en otros pueden crispar, y mucho.

Vamos con unos cuantos ejemplos:

Acoso y derribo: 
Todos tenemos más o menos claro que llamar a alguien “hijoputa” en Internet es igual de incorrecto que hacerlo a la cara (o más, porque a la cara te pueden escupir, en la “seguridad” del teclado no se tiene esa opción). Sin embargo, no están tan claros los límites de los debates. 
Por ejemplo: uno habla de un tema polémico en su muro de Facebook y un conocido le responde. Hasta ahí, bien. Foro de debate, compartir opiniones, enriquecimiento mutuo y blablablá. Ahora bien, si el espontáneo en vez de dejar un sano comentario comienza a dejar un tochaco tras otro increpándote por qué sus argumentos son mejores que los tuyos, por qué te equivocas y detallándote hasta la desesperación su paja mental…. Eso, amigo mío, es acoso. Al mismo nivel que quien en una conversación cara a cara te arrincona contra una pared y te habla a 3 centímetros de la cara para explicarte con vehemencia por qué ‘el chino de su barrio’ es el mejor.

Respetemos los espacios, y si realmente queremos tener un debate gordo con densas explicaciones, mejor con un cafelito delante.

Lo mismo vale para ese amigo pesado que todos tenemos, que le da a ‘Me gusta’ en todas tus publicaciones, comenta todo lo que posteas y te abre el chat en cuanto osas aparecer conectado. Igual que no me gusta que me persigas por la calle y me robes las bragas viejas de la basura, tampoco me gusta que me rastrees por internet. Espacio, por favor.

El derecho a la intimidad y los derechos de autor:
Desde que se empezaron a usar las redes sociales, todos hemos oído de escándalos de miembros del Pentágono, o de Gobiernos de diversos países, que se han metido en líos por no tener cuidado con lo que publicaban.
Hay que tener dos dedos de frente para publicar en Internet, y saber qué cosas sí, qué
cosas no, y a quién. En esto, los mayores y los más jóvenes tienen especiales problemas. Tu foto de “Laa MaAh cHulAAAaaa der BarRiOOO” morreándote con tu novio, igual te resulta súper tierna con 14 años. Pero si no tienes cuidado y la dejas dormir en el archivo del Facebook, puede que un día se la tropiece tu jefe, y te eche (¿con razón?).

El derecho a la intimidad en Internet existe, es complicado y retorcido, pero existe. Y lo ejerces GUARDANDO EN TU INTIMIDAD las cosas que no quieras que la gente vea. Si lo publicas (como la propia palabra indica) das opción a que, en algún momento, eso pueda saltar al gran público internauta.


En cuanto a los “derechos de autor”. Los entrecomillo porque no son derechos reales, son los derechos de “qué foto más chula he hecho en la playa, la voy a subir al Facebook”…….. “¿¡Qué mierda hace Paco compartiendo MI foto!?” Amigo mío, tu foto ya es parte del universo cibernético.
Por supuesto, la educación dice que las cosas se piden por favor, y que robar está feo. ¿Si tu amigo deja un libro en la mesa, delante de ti, lo coges y te lo llevas? No (o espero que no, si es que sí, ya sé que no me puedo llevar libros si quedo contigo…). Pues es lo mismo. Si alguien comparte contenido propio que te interesa, lo suyo es pedir permiso para difundirlo antes de hacerlo. Y, si lo haces sin permiso y la otra persona se queja, disculparte y eliminarlo.
Gritar “¡Censura! ¡Internet es libre!” es ridículo, si se trata de una petición entre personas cercanas. Internet puede ser libre (que no lo es), pero el respeto lleva a hacer caso a lo que los demás nos piden.

“¿No ves que te estoy hablando?”:
Si a mí una persona me pregunta una duda en la cola del súper, o en un bar, no se me ocurre girar la cara y seguir andando. Y si, dando una conferencia, alguien hace una pregunta, el conferenciante normalmente responde o, si es una cuestión muy específica, pide cierto tiempo para prepararse la respuesta. Lo que a nadie se le ocurre es que el ponente ponga cara de póker, ignore al que pregunta y siga a su rollo.


Pues lo mismo vale en Internet. Señores: los correos SE RESPONDEN, aunque sea con un ‘Ok, lo miro y te cuento’. Es una cuestión de educación y respeto, de dar el ‘leído’ a la persona que se ha molestado en escribirnos.

¿Sois conscientes, quienes no respondéis a los mails, del mar de incertidumbre en el que sumís a la persona a la que no contestáis? “¿Le habrá llegado?” “¿Lo habrá leído?” “¿Le escribo otro o seré un plasta?” “¡Necesito su respuesta para continuar el trabajo!” Un sinvivir.

Y lo mismo vale para chats, whatsapp y demás pseudoconversaciones cibernéticas. Si alguien te escribe, y estás ocupado, es normal que no le contestes. Incluso si no que te dice no da pie a decir nada, responde con un ‘ok’, o un ‘ahora mismo tengo que bañar al perro, luego hablamos’. Dejar al otro con la palabra en la boca está feo, y en algunos casos enerva muchísimo.

Expresividad, emoticonos y trastornos de personalidad:
Todos conocemos a personas seta. Seres inexpresivos, sosos, que apenas hablan, y cuando lo hacen es de forma muy parca y casi desagradable. Que no transmiten ni frío ni calor.
En Internet, todos hablamos a través de un teclado (normalmente), y hay setas que en ese mundo se descubren como personas súper expresivas y divertidísimas…
…pero también está el caso contrario.

Personas que en el mundo “real” son encantadoras, divertidísimas, súper interesantes… Y en Internet son champiñones.
El “setismo” cibernético tiene mala solución, pero hay cosas que ayudan a dar color a una conversación por chat:



-Las onomatopeyas: Hablando resoplamos, nos reímos, decimos “halaaa”. Todo eso se puede extrapolar a Internet. Puff para un bufido de apoyo, Pf si es sarcasmo, jajajajaja si es risa tipo carcajada, jejejeje para risa cómplice y jijijiji si queremos hacernos los malosos o ligar. (jojojo y jujuju no suelen aplicarse). Luego cada uno personalizará sus onomatopeyas, y se harán inconfundibles.


-Los signos de puntuación: Puntos con moderación, comas a cascoporro, y admiraciones e interrogaciones mejor que sobren a que falten. 
Los puntos son cortantes, secos. Sobre todo los puntos y aparte. Los puntos y seguidos son bienvenidos, dejan respirar, pero un punto y aparte en un chat que va por líneas da sensación de mosqueo.
Las comas, con alegría. Son simpáticas, pegan con todo y (salvo caso de exceso que tipo “hola, como, estas, yo, bien”) ayudan a la fluidez.
Las admiraciones e interrogaciones pueden dar matices a lo que se dice. Un “Hola.” da sensación de gran formalidad o enfado, un “Hola!” queda más alegre. (Si saludas con “¡¡¡¡¡Hola!!!!!” igual te has pasado). Lo mismo para las interrogaciones. No es lo mismo “Qué has hecho hoy?” que “Qué has hecho hoy??” ni que “¿¿Qué has hecho hoy??”. El primero es pregunta de rutina, el segundo muestra interés y el tercero parece horrorizado.



-Los emoticonos: Hemos andado mucho desde aquel primer :). Hoy hay miles de emoticonos “manuales” para hacer con el teclado, y otros mil dependiendo del aparatito que uses. Ya que la otra persona no puede verte la cara, expresa con esas caritas. No es lo mismo “Vale” que “Vale ^^”, ni “Imbécil” que “Imbécil xD”
Aunque cuidado, el uso de emoticonos también sirve para lanzar puñaladas y que lo parezcan menos. Las pullas suelen llevar detrás un ;) o un xD, o un comentario tipo “nah, es broma”. Ante la duda, desconfíe de la gente: es una pulla.

Por último, en estas lides de expresividad internauta, están quienes ni siquiera pueden servirse de las herramientas arriba citadas. Son personas con verdaderos trastornos de personalidad, que son radicalmente distintas si las tratas cara a cara o por Internet. Complacientes amigos en la vida real transformados en energúmenos salvajes detrás de la pantalla, o al revés (aunque al revés, menos).
En ese caso, lo mejor es tratar de estar siempre con esa persona en su faceta de Doctor Jeckyll, y si hay que tratar con su Mr. Hyde internauta, armarse de paciencia o, aún mejor, ignorarle.



Esos ejemplos, como hay otros, dejan bastante claro que la educación y el respeto en la red es importante, y que es mejor cuidar las formas. Nunca se sabe quién te puede tirar un día un zapato por no responder a un mísero correo.

Y hasta aquí la lección de urbanidad de hoy; me ha quedado tochopost, pero como predico en el desierto tampoco pasa nada. Espero que les ayude, y que si tienen más aportaciones, las dejen en el cuadradito blanco de debajo.

Buenas tardes y buena semana ^^