28 de mayo de 2012

No me gusta El Principito

No me gusta "El Principito".
Otra vez: NO me gusta "El Principito".
De nuevo: NO ME GUSTA "El Principito".

Ea, ya lo he dicho, ya lo he dejado claro. Escandalícense, abandonen mi blog para no volver, o quémenme el carromato. Si es el precio a pagar, lo asumo. Pero no pienso desdecirme.

Pero antes de traer las antorchas, o de bloquear mi rinconcito como non grato, déjenme explicarme, si no les importa. Porque todo esto tiene una explicación, lo juro.

Hace muchos años (o tal vez algunos menos) cuando tenía yo unos nueve o diez años, curioseando entre los libros de mi casa encontré "El Principito" de Antoine de Saint Exupéry. Pregunté a mi madre por él, y me dijo que lo leyera, que tal vez me gustase.

Lo empecé. Y ya sus primeras páginas me desagradaron. ¿Un elefante en una boa? ¿Qué niño veía un elefante en una boa? Es más, ¿qué ser humano en su sano juicio veía ahí un sombrero? Era un garabato feo y amorfo, de alguien que no sabía dibujar.




Aún así, continué. Y cada vez me gustaba menos. El Principito me resultaba aburrido y ñoño; un niño soso y pesado. Además, como niña, me sentía insultada por aquel escritor, aquel adulto que hablaba de cómo los niños pensaban y veían la realidad, de cómo los adultos eran aburridos o insensibles. ¿Qué sabía ese tío sobre mí? ¿O sobre los adultos que me rodeaban? Me resultaba chirriante su forma de hablar de los niños. Creo que fue la primera vez que me topé con el paternalismo, aunque en aquel momento no me conociese la palabreja.
Así que me terminé el libro con gran decepción, que compartí con mi madre, lectora y aliada. Sólo entonces me confesó que a ella nunca le había gustado aquel libro, pero que no me lo dijo antes para que lo leyese tranquila.
Lo dejé pasar sin más, y comencé con "La Isla del tesoro", que me apasionó.

Bastantes años más tarde, cuando empecé la carrera, me topé con una chica estudiante de psicología, fanática del maldito libro. Yo le comenté que no me gustó nada, y ella se sorprendió mucho. No le di importancia.
También quien fue mi pareja por aquel entonces adoraba aquel libro, y no comprendía como yo no podía ver su belleza.En aquel momento empecé a dudar de mi recuerdo y mi valoración del libro.
Dos años después, todo estalló. Simultáneamente, un amigo estrenó "El Principito" en el teatro, y un grupo de amigos se sorprendieron hasta el horror de mi rechazo hacia el libro, llegando a decir cosas como "Nunca me lo hubiera esperado de ti" o "Has perdido muchos puntos". Todo esto, viniendo de personas cultas, algunas de ellas con gustos literarios muy similares a los míos, terminó por hacerme claudicar.




A mis 20 años me releí el libro de las narices, abriendo mi mente en todo su esplendor, dispuesta a captar las maravillas sutiles y deliciosas que todo el mundo había encontrado.Y, ¿sabéis qué? No me gustó NADA. Me gustó menos todavía que a los 9 años. Porque ya sí entendía lo que era el paternalismo, porque todo lo que de niña me resultó impreciso, lo vi claro. Y me pareció una estupidez de historia. Un montón de clichés y estereotipos filosófico-emocionales contados a través de un personaje ñoño y plasta. Más le hubiera valido a Saint Exupéry haberse estampado bien con el avión y haber librado al mundo de semejante memez con patas.

Lo califiqué como filosofía para niños tontos, me reafirmé en que no me gustaba, y lo declaré ante el mundo con orgullo y criterio.
Alguno hay que aún no me lo ha perdonado.


Y resulta que este año me vengo a vivir nada menos que a París, donde el maldito enano rubio de pelos de punta está por todas partes. En cada cuaderno, taza, plato, posavasos, escobilla del wc y marco de fotos en la que a un taiwanés se le ha ocurrido ponerlo.
Y me toca defender mi postura anti-Principito en varios idiomas, teniendo que explicar farragosamente por qué el personaje no me parece tierno, sino estúpido; la historia dulce, sino aburrida; y el mensaje bello, sino rancio.Así que, para que quede para la posteridad y los anales de la historia, lo digo aquí a los cuatro vientos internáuticos:

NO ME GUSTA "El Principito"

Je déteste "Le Petit Prince"
I hate "The little prince"

Y no me vais a convencer de lo contrario. Así que disfrutadlo, releedlo, regocijaos... Pero a mí dejadme tranquila.



PD: Tralarí, lo siento, pero tenía que hacerlo xD

25 de mayo de 2012

Recaídas y reencuentros

Dicen que cuando uno está de verdad enamorado, puede pasar meses sin ver a la persona amada, y aún así sentir el corazón henchido cuando vuelve a tenerla al lado.
Dicen que cualquier adicto corre el peligro de recaer en su vicio, aunque lleve años sin probarlo.
Dicen que los lugares a los que uno pertenece, son capaces de acogerle incluso después de haberlos abandonado.

Ayer, abrí las tapas de un libro. Un libro muy grueso, de más de ochocientas páginas. Un libro en edición rústica, de tapas blandas y letras pequeñas.
Me sumergí en él. Y a medida que leía, a medida que mis dedos pasaban página tras página, comencé a respirar mejor. Comencé a sentir que una llamita se avivaba con fuerza.
Me di cuenta, de golpe, del tiempo que hacía que no leía.

No fue algo buscado, desde luego. El estrés, las responsabilidades, el cansancio y la comodidad de la pantalla, unidos a la falta de un libro suculento, se compincharon para alejarme de lo que siempre ha sido una prolongación de mí misma.
Y de repente me reencontré con el peso del libro entre las manos, con las páginas, con las vidas vividas a través de la tinta. Y me sentí mucho mejor.

Además, caí en la cuenta de que lo poco que leí en estos meses, fueron libros "fast food". Esos libros que lees rápido, que consumes más que disfrutas. Libros que, aunque puedan engancharte y aportarte cosas, se van enseguida.
Éste era un libro de descripciones de ideas y pensamientos que ocupaban diez páginas. Un libro de palabras difíciles y conversaciones sutiles. Una de esas maravillas que hay que leer despacio, disfrutando cada palabra y cada coma con un placer tan estético como narrativo.

Desde ayer, me siento mejor. Siento que una parte de mí ha vuelto a su lugar. Me siento un paso más cerca de la salida de este curso que tanto ha causado.

De nuevo, hay un libro en mi vida. Un libro que leer poco a poco, y que ya tiene tras él dos o tres más, esperando, deseando ser parte de mi recaída, de mi reencuentro amoroso, de mi tentación. Invitándome a volver al que siempre fue mi refugio, mi lugar perfecto, mi santuario.

Os pido perdón por haberos dejado atrás tanto tiempo. Empecemos de nuevo. No volverá a ocurrir ^^



16 de mayo de 2012

Y abrió el baúl de golpe, y de él salió un torbellino...

Sol
Lluvia
Nubes
Frío
Calor
Aquí. Allí.

Apenas el tren se pone en marcha, la calma se resquebraja. Y lo que fue serenidad se vuelve miedo. Y lo que fue confianza se vuelve nostalgia feroz. Todo se disipa como un sueño al abrir los ojos.

Lunes

Martes
Miércoles
Jueves
Viernes
Sábado
Domingo
Y otra vez
Y otra más
Y ya he perdido la cuenta...

La cama huele a besos, y a ternura derramada. Mis dedos recorren la arena y se funden con ella.

Desaparezco...

Sol

Luna
Noches
Magia
Sueños
Perla
Cristal
Sonrisa
Mirada
Ensueño

Poco a poco todo encajará en su anormalidad flagrante. La rutina seguirá pese a quien pese, sin importarle qué se pierda en el camino.

Y allá voy, rumbo a ninguna parte, rumbo a un futuro incierto que nunca estuvo en los planes, deseando saltar de diez en diez.

Uno

Dos
Cinco
Trece
Hilo
Pelo
Piel
Pelusa
Roce
Río
Rumor
Sonrisa

Flores que se abren con forma de labios cerrados. Tiernas, tempranas, trémulas. Cubiertas de rocío color lágrima de invierno. Tan puras. Tan inocentes. Tan nuevas...

Y el aire agita las briznas de hierba, y arrastra el olor sutil del jazmín y el azahar... Olor a casa, a verano, a melocotones reventando de jugo... A arena caliente, mar frío y tiempo sin estrenar.

Sombra

Luces
Viento
Tierra
Musgo
Tacto
Silencio

Me escondo tras un murmullo que se sienta entre mis piernas.
Vislumbro una gata tricolor que ronronea en mi barriga. Símbolo de pasado y de futuro.
El mañana me promete que me esperará el tiempo que haga falta, mientras me encamino a él con los pies llenos de ampollas, cubierta de polvo y sudor. Rodeada de moscas.

Esperanza

Carcajada
Cristal naranja
Beso
Agua que corre

La belleza creada en susurros y miradas, convertida en algo más real que lo que escupe el espejo. Desprecio convertido en caminitos hacia el cielo.
Y al fondo del espejo, una sonrisa.

Tiempo

Días
Horas
Meses
Segundos
Semanas
Instantes

Y cada paso lleva a casa y nadie sabe dónde están.

Un hoy
Un mañana
Un futuro
Un quizás

Solucionar los problemas con diagramas de flujo y respirar muy hondo

Muy hondo
Tan hondo...

Y que el cielo se haya vuelto más oscuro, y los cada día pesen más que los ayer. A la espera de un 30 fulgurante en el que estrangular los intentos y el "no puedo"

Y saber con la certeza de los sabios a la fuerza, que nada podrá conmigo porque en el fondo nada muere, y menos lo que murió en el fondo y resurgió para contarlo.

Y que esto sólo es otra piedra en el camino, que saltar sin duda alguna, para llegar al destino...

Y lo cerró con un jadeo, sintiendo resonar en el aire las palabras, vibrar los aromas, restallar los colores... Y todo se sumió en un susurro, y después en un silencio, a la espera de la próxima vez que hubiera de abrirse para dar paso a todo lo que a veces desborda el Alma y necesita ser drenado...

7 de mayo de 2012

Crónicas de la Buhonera: Una esperanza por un secreto

Llegué al pueblo pocas horas antes de que amaneciera. El cielo estaba teñido de ese negro tan oscuro que no podía ser del todo real. Las estrellas parecían diamantes engarzados en satén.
Abrí el carromato, solté a Curra de entre las varas y le di agua.
Monté mi pequeño expositor, y esperé.

Cuando rompió el día comencé a pregonar mi mercancía.


¡Especias!

¡Medicinas!
¡Telas de lugares lejanos!
¡Plumas!
¡Papel fino!
¡Tinta china!
¡Reparación de instrumentos!

Todos se asomaban al oírme, aunque pocos se acercarían a comprar. Mi mercancía no estaba compuesta de cosas que fueran útiles a todos ellos.


A lo largo del día mujeres y hombres se acercaron durante el día: El médico del pueblo, una mujer embarazada buscando una tela especial para cuando naciese su hijo, el afiebrado bibliotecario que intentaba ser escritor, la alcaldesa buscando sus especias predilectas…


Al atardecer se me acercaron aquellos que no se atrevían a venir a plena luz: Un hombre entrado en años buscando algo con lo que levantarse el ánimo, una mujer sabia con fama de bruja buscando ingredientes secretos, la hija pequeña del herrero que quería comprar libros prohibidos…


Con los últimos rayos de Sol, cerré el carromato y me dirigí a la playa con Curra. Ella se resistía.
-¡Vamos, yegua perezosa!-le increpé-Si no galopas de vez en cuando se te atrofiarán los músculos, ¡y yo no pagué una yegua de raza para hacer el trabajo de una mula!

E
n la playa monté sobre ella y la hice trotar y después galopar. El viento me bajó la capucha y me revolvió el pelo. La arena proyectada por sus cascos dejaba un reguero tras ella. Me sentí tan libre…



Galopó hasta meter las patas en el agua salada, y le hice salir entre risas.


-¡Es tarde para un baño!


En la orilla me encontré una observadora.

Era una niña de unos siete años, con una espesa mata de tirabuzones castaños, y los ojos más grandes que había visto en mi vida. Unos ojos que me observaban entre asombrada y anhelante.


-Es preciosa…-susurró mirando a Curra

-¿Verdad que sí?
Asintió bruscamente.
-¿Eres la buhonera?
-Sí
-Dicen que vendes magia…
-Bueno, yo no lo llamaría magia…
-¿No es verdad?-sus ojos reflejaron una honda decepción
-Vendo muchas cosas, unas podrían llamarse mágicas, otras sólo misteriosas.
-¿Tienes secretos?
-Sí
-¿Y deseos?
-Sí, aunque son peligrosos... ¿Es eso lo que quieres? ¿Un deseo?
-No
-¿Entonces?
-Quiero una esperanza

Me detuve a observar a la niña. Estaba muy lejos de la edad a la que se comienza a necesitar esperanza.

-¿Es para ti?

-Sí
-¿Y para qué la necesitas?
-Para los días en que llueve sin parar y los truenos hacen temblar las paredes. Para los días en que mi mamá está enferma y no se puede levantar. Para cuando me pierdo en el bosque y no recuerdo el camino de vuelta…
-¿No crees que es excesivo? Todos sabemos que las tormentas terminan. Tu madre es una mujer fuerte y…
-…para cuando pienso en mi futuro y sólo veo esta aldea. Para las noches en que me siento triste y no sé por qué.
Enmudecí. En sus enormes ojos se reflejaba el mar, y una sabiduría que jamás había visto en alguien tan joven.
-¿Tienes ese tipo de esperanza?
Pensé un segundo, y asentí. Saque de mi bolsa el baúl de madera de colores, lo abrí sin permitir que viese nada, y retiré la mano cerrada. Se la tendí, y ella abrió las suyas con solemnidad.

-Te dará esperanza, pero sólo si lo cuidas, si lo conservas, y si dejas que te ayude cuando creas que no es posible- le advertí.

Abrí la mano y la esperanza cayó en las suyas.

Era un cristal en forma de lágrima engarzado en un soporte de plata. Durante unos segundos fue transparente, pero al recibir los rayos de la puesta de Sol, se volvió de un naranja suave e intenso. Resplandecía en su fina cadena de plata.


-Es precioso…

-Es tuyo- sonreí, y añadí con malicia-. Si puedes pagarlo, claro…
Pensaba regalárselo, y esperaba que se asustase ante la posibilidad de pagar. Me equivoqué. Sonrió.
-Claro que puedo. Me dijiste que vendías secretos…
-Sí
-Entonces también los comprarás
-Claro
Su sonrisa creció. Se acercó a mi oído y me regaló un secreto a cambio de su esperanza.

Se apartó de mí y, con una carcajada deliciosa, se fue corriendo de la playa.


Al día siguiente me marché del pueblo. No la volví a ver hasta muchos años después. Y cada día de su vida llevó la esperanza al cuello, para calentarse en las noches frías y sembrar su sonrisa de entre las lluvias de lágrimas.

Y cada día de mi vida conservé yo su secreto, demasiado precioso para venderlo, demasiado delicado para revelarlo.