8 de junio de 2012

Oda al carrito de la compra

Hoy, quiero aprovechar para declarar mi amor incondicional y mi admiración hacia el que inventó ese fabuloso invento que es el carrito de la compra (o carrito de maruja). Me parece un cacharro muy práctico, cómodo y útil, que es continuamente despreciado en nuestro día a día.

Para empezar, está perfectamente diseñado para su función: Ir a la compra. Tiene ruedas para desplazarte por el supermercado; aunque no es muy armatoste, da de sí para que compras que duplican su tamaño quepan; normalmente tiene un trozo de tela para tapar la abertura si va muy lleno y llueve... En fin, es un cacharro que está hecho para cumplir con su cometido.

En segundo lugar, los hay en una cantidad de variedades y diseños impresionantes: Desde el clásico cuadrado y armatoste formato "cajetilla de tabaco gigante" a cuadros, hasta los modelos fashion con tres ruedas para subir escaleras con ellos, pasando por los sencillos pero de colorines para los que quieren ser lo más en la sección de los congelados.

Es IMPOSIBLE que no encuentres uno que te guste.


Además, son versátiles: te valen tanto para compra de supermercado como para ir al mercado de toda la vida a pedirle a Paco el de la pescadería unos lenguados. En ambos lugares es igualmente eficaz el carrito.

Es cierto que para megacompras como las que se marca mi madre, no son prácticos, les falta fondo. Pero en caso de familia numerosa, el carro en situaciones de "uy, quiero hacer potaje, y necesito lo ingredientes" también es práctico, porque además te libra del coñazo de tener que acarrear bolsas que te dejan sin circulación en los dedos.

Pero ante todo, con este post pretendo reivindicar la importancia del carrito de la compra en la vida del joven (universitario-parado-becario-independizadoycamarerodeMacdonalds) moderno que vive solo, o con colegas, y tiene que ir a hacer la compra a pata.
¿¿Por qué si vemos a alguien de 20 y tantos con un carrito le miramos mal y murmuramos?? ¿¿Por qué los tíos se empeñan en andar por la calle con ochocientas bolsas en las manos, con los dedos negros, y cara de "eh, nena, mira qué fuerte soy, que llevo 3 kilos de patatas y dos litronas en una mano, y detergente para la lavadora y dos litros de leche en la otra"?? ¿¿Por qué las tías llevan megabolsos que les descoyuntan el hombro, con puerros asomando??
Un carrito tiene la capacidad justa para una compra juvenil unipersonal (o hasta bipersonal) de principio de mes, es cómodo, no hay que cargarlo (si vives en un 5ª sin ascensor... ya es otro tema), es barato y hasta mono.

Y, si vives a un kilómetro del supermercado más cercano, como es mi caso, es la única forma de traer la compra a casa sin acabar boqueando, o amputándote de urgencia las manos.

Por lo tanto, jóvenes del mundo, hacedme caso. Compraos un carrito, liberaos de los complejos, y disfrutad de llegar a casa con la compra y poder después usar vuestros dedos con normalidad.

(Eso sí, cuando lo llevéis muy petado cuidado con las curvas, que tiende a desequilibrarse, y podéis montar un fiasco curioso ante el descojone general de los vecinos y los niños del parque de la esquina.

1 comentario:

  1. Jajajajajajjaaj "el carrito, ese gran desconocido". Pues si muy útil la verdad. Pero pensé que ibas a mencionar su uso alternativo para pasar cosas en el fondo cómodamente por la caja, sin que nadie se de cuenta. Sobre todo para la vida de los universitarios-parados-becarios-independizadoycamarerosdeMacdonalds. Que la compra, generalmente suele suponer un gran mordisco a la economía cotidiana, y el carrito en su inifita bondad, te permite esos caprichos que aunque no son especialmente caros, tampoco son baratos.

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